58 – Las Damas del Agua

 

John William Waterhouse, Lamia, 1909

John William Waterhouse, Lamia, 1909

Directo: 15 de abril de 2015

Volvemos del descanso primaveral introduciéndonos en el mundo feérico con un programa dedicado a las Damas del Agua, moradoras de ríos, grutas y fuentes  en toda la península y que tienen sus conexiones con otros personajes de la mitología europea.

En el programa de hoy hablamos de dones d’aigua, mozas de agua, anjanas, goges, encantadas, xanas, lamiak y lavandeiras tanto en su aspecto más luminoso  y benefactor como el sombrío y vengativo. Comentaremos acerca de sus posibles raíces en los cultos prerromanos, sus conexiones con la mitología germánica (Holda, Perchta), y revisaremos también sus vínculos con figuras míticas del medievo, como el hada Melusina, la reina Pedauque o Lohengrin, el cavallero cisne. Comentaremos también, siguiendo a Claude Lecouteux, la visión de estas hadas como una personalización literaria del destino del individuo, o del propio doble  y la relación de los cuentos del folklore europeo al respecto con el paganismo histórico europeo.

¡Esperamos que os guste!

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El Pas de la Guineu, una leyenda de verano

E.H. Langlois, Seductive Death, 1852

E.H. Langlois, Seductive Death, 1852

Preparar un programa es emocionante, elegimos tema, empezamos a tirar del hilo y recopilar información y cuando nos queremos dar cuenta tenemos más material compilado del que cabe en uno o dos programas, por lo que algunas historias y muchos comentarios y referencias se nos quedan fuera. Esa es una de las ideas que nos llevó a crear esta web, un espacio para compartir todo ese material “extra” con vosotros, más allá de los límites de la radio.

Cuando preparábamos el especial historias para Samhain del año pasado, la Leyenda del Pas de la Guineu (Paso del Zorro) fue una de las que no pudimos incluir, a pesar de tenerle especial cariño porque se trata de una historia de jovencitas rebeldes que procede de la tradición oral familiar de tiempos de los abuelos de nuestros abuelos, que recuerda bastante la balada de Leonor, escrita en 1773 Gottfried August Bürger, que sí leímos en el programa. Otra curiosidad de esta historia es que, al contrario que la mayoría de historias de este tipo, el encuentro con los seres de otro mundo tiene lugar a mediados de agosto, en tiempo de cosechas, y el tradicional lugar de encuentro – la encrucijada – se sustituye por otro tramo característico de los caminos: un paso estrecho.

Para los que no la conozcan, Badalona es una ciudad que colinda con Barcelona. Debido a la expansión industrial, no suele asociarse con leyendas tradicionales, pero se trata en realidad de una antigua ciudad de origen romano, que guarda aún sus rincones encantados. Antiguamente, para entrar a Badalona desde la montaña, había una única vía que cruzaba espesos bosques. El llamado Pas de la Guineu, estaba formado por altos muros de piedra antigua a lado y lado del camino, era un lugar peligroso, estrecho y sombrío, del que se contaban muchas leyendas siniestras. Se decía que era el camino del Diablo, y nadie se atrevía a pasar por allí durante las horas oscuras.

La víspera de la Mare de Déu d’Agost (Asunción de María, 15 de agosto), se celebraba con bailes en la villa de Badalona. En un caserón de la zona, una joven ardía en deseos de acudir al baile, ya que se había citado con su prometido. Sin embargo, temiendo al peligro del ataque de bandoleros o animales salvajes, su madre le negó el permiso. Se enzarzaron entonces en una discusión, la madre la abofeteó y ella, llena de odio, le gritó: ¡Iré a ese al baile, así tenga que ir sola, o acompañada el Maligno!

Resuelta a cumplir su voluntad, cuando la familia se retiró a dormir, la joven se levantó de la cama, se engalanó para el baile, y escapó decidida por una ventana. A medida que se adentraba en el camino, sin embargo, le asaltaron las dudas, le parecía ver a cada instante seres infernales rodeándolo y oír pasos que la seguían. Temiendo la maldad de su propio juramento, quiso desandar el camino recorrido y hallarse de nuevo segura en casa, pero se había alejado ya demasiado. Su imaginación desbordada convertía en monstruos a los mismos árboles, sin embargo, al llegar al Paso del Zorro pudo ver con nitidez cómo una figura imponente se acercaba a ella y, surgiendo de la oscuridad, un caballero le ofreció el brazo para acompañarla en el camino. Por encima del educado gesto, los ojos del caballero eran como brasas encendidas, y clavaban en los de la joven la misma mirada del gavilán que observa a la presa. Paralizada por el espanto, no pudo ni siquiera gritar, pero se oyó entonces la voz del campanario e invocó la protección de María. Desapareció entonces del camino el oscuro Ser, sin embargo la horrible visión arraigó en el corazón de la joven, doblegando sus fuerzas, hasta terminar con su vida poco después de aquel encuentro.

En otras versiones de la leyenda, como la recopilada por Joan de Déu Prats en “Llegendes de Barcelona” (Abadía de Montserrat, 2007), ante la negativa paterna la joven no suelta ningún juramento sacrílego y se va a dormir, pero un joven apuesto llega a su balcón y la convence de escapar al baile. Al llegar al Pas de la Guineu se transforma en el Diablo, y ella muere allí mismo del susto, donde horas después la encuentran los jóvenes que vuelven de la villa.

La barca encantada

 

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En nuestro segundo programa recuperamos un cuento popular de la costa catalana, que reinterpreta el tema del vuelo de las brujas, una constante en la mitología popular europea. El texto lo tradujimos de  “Les llegendes de Bruixes a Burriac”, de Antonio Llamas Mantero, publicado en la revista “Fulls” nº34, Mataró, Museo-Archivo de Santa María, 1989, p.38, que puede descargarse aquí.

Perot era un buen pescador de Cabrera que cada día, al atardecer, encendía su pipa, desataba su barca y partía a la mar con dos compañeros que por lo general no faltaban a la cita. Un día del mes de abril, cuando el sol ya había desaparecido tras la sierra de San Mateu, Perot esperaba en vano la llegada de aquellos compañeros. La mar, calmada y lisa, invitaba como nunca a salir de pesca. Poco a poco aflojó las cuerdas de la barca, tomó los remos y murmurando una canción se adentró en el mar hasta perder de vista la costa.

Cuando la noche ya había extendido completamente su manto de oscuridad, Perot se cubrió con una manta y se estiró en el fondo de la barca, bajo el banco de popa, dejando que la embarcación vagara a la aventura. La naturaleza parecía tan tranquila como el pescador, que lentamente se iba adormeciendo.
El sonido del campanario de Sant Feliu de Cabrera anunció la medianoche. En la cima del monte Burriac, seis brujas lo escucharon también, fijando su inquisitiva mirada en la mar. De repente, una de ellas señaló el lugar en el que estaba la barca de Perot, diciendo:

– Mirad, una barca sola y abandonada.
– Abajo y a ella -respondió otra bruja.

Y de este modo las seis, cabalgando en sus escobas, se lanzaron al abismo cayendo en breve, sacudiéndola con fuerza. Una vez allí las seis brujas se tomaron de las manos, gritando a una voz:

– ¡Arriba la barca! Arriba por la una… por las dos… por las tres… por las cuatro… por las cinco… por las seis…

Pero la barca no se movía. Y aún menos el asustado Perot, que despierto por el movimiento a penas se atrevía a respirar, temiendo lo que le pudiera pasar si aquellas huéspedes no invitadas llegaban a percibir su presencia.
Las brujas se miraron entre sí, sorprendidas de que no les funcionara el conjuro. Después de una pequeña pausa, alzando las escobas, volvieron a gritar:

– ¡Arriba la barca! Arriba por la una… por las dos… por las tres… por las cuatro… por las cinco… por las seis…

La barca siguió tan inmóvil como en la primera ocasión: el conjuro no tenía fuerza suficiente. Perot, que comprendía el motivo de aquello, se angustiaba cada vez más. Entonces, una de las brujas dijo a sus compañeras:

– Es muy raro esto que pasa. Por ventura alguna de vosotras carga un niño en su vientre?
– Yo creo que no… – objetó una.
– Ni yo.
– Ni yo, que sepa. – y lo mismo dijeron las restantes.
– Entonces, ¿por qué la barca no se mueve? Por si acaso, aumentaremos en uno nuestro número.

Y volviendo a alzar las escobas, gritaron aún más fuerte que antes:

– ¡Arriba la barca! Arriba por la una… por las dos… por las tres… por las cuatro… por las cinco… por las seis… ¡por las siete!

Y esta vez el conjuro sí tuvo efecto: la barca se lanzó mar adentro más rápida que el viento. Tan rápido que en muy poco tiempo, ya estaba en América. ¡Allí fueron a hacer sus males las brujas endiabladas!: Una levantando nubes, dejando caer granizo; otra, metiéndose por las grietas sin fondo de los abismos, provocaba fuertísimos terremotos; otra desataba vientos huracanados que todo se lo llevaban… En medio de aquella batalla elemental, la barca del asustado Perot se encontraba como clavada en las aguas y ni se movía, pero sobre ella el viento lanzaba toda una lluvia de hojas, troncos, cañas y frutas tropicales.

Cuando las brujas hubieron satisfecho su espíritu de maldad y destrucción, considerando que ya habían hecho bastante mal, volvieron a la barca y con la misma conformidad, repitieron de nuevo su conjuro:

-¡Arriba la barca! Arriba por la una… por las dos… por las tres… por las cuatro… por las cinco… por las seis… ¡por las siete!

Y con la misma velocidad de la ida, la barca fue transportada de regreso a la playa de Cabrera de la que había salido. Las brujas volvieron a Burriac antes de despuntar la rosada aurora. Desde aquel momento, Perot no se cansó de explicar a todo el mundo que quisiera escucharlo, el relato de su ida y regreso de América en una sola noche. Y si alguien lo dudaba, mostraba las cañas, hojas y frutas que pudo rescatar del fondo de la barca, y que siempre conservó en memoria del viaje que había realizado con las brujas.

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